La ley me condena a ser tu guardián,
A defenderte con espada,
A escudarte como a mi alma,
Quieras o no soy tu guerrero.
El más leal y mortífero,
Frente a cualquier maldad,
Soy lo único bueno y real,
Que no puedes ver.
Las agüillas de tus sueños,
Son tan reales.
Como el miedo de tus pesadillas,
Y el frio en el sudor al despertar.
Sabes que no has estado en soledad,
Por lo que pasa cada día,
Para permitirte sentir el sol en la cara,
No lo deseaste, pero es la realidad.
Agradécele siempre al de tu fe,
Y me sentiré bien,
Por morir.
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